Antinodal
La versión honesta

Lo que puede medir
un móvil, y lo que no.

Toda app de acústica de salas tiene que decidir qué hacer con el hueco entre lo que puede medir y lo que te gustaría saber. Lo más fácil es rellenarlo. Aquí está dónde ponemos nosotros el límite, y las mediciones que lo ponen ahí.

La regla

Lo que decide qué cambiar en una sala son las comparaciones, y ahí el micrófono de un móvil es sorprendentemente fiable. Pregúntale si el altavoz izquierdo te llega antes que el derecho, si este asiento resuena más que aquel o si la cortina que acabas de colgar ha cambiado algo: se está comparando consigo mismo, así que cualquier error de calibración se anula por completo.

Por eso damos comparaciones, y lo decimos. Cada cifra de la app indica en qué se apoya: la geometría de la sala, sus materiales, el micrófono, o nada.

Dónde cae el límite

Esto sí lo oímos

  • Cuánto tarda la sala en callarse, banda por banda: 125 Hz y 16 kHz con tus propios altavoces, el resto con el móvil
  • Qué notas graves retumban y cuáles desaparecen en tu asiento, de 30 a 250 Hz, con barridos de graves por tu propio equipo
  • Si un altavoz llega a tus oídos antes que el otro, y por cuánto
  • Si un lado llega más brillante que el otro, que casi siempre es la orientación, no la electrónica
  • Cuándo llegan las primeras reflexiones, y desde dónde
  • Si lo que cambiaste la semana pasada ha servido

Lo que dejamos fuera, y por qué

  • Un nivel en dB. No cambia lo que hay que hacer en tu sala; las comparaciones sí
  • Una nota para tu sala. No es un número que haya que subir
  • De qué está hecha una superficie: el móvil no distingue el yeso de una cortina. Lo que sí puede es ver exactamente dónde cae cada reflexión, y medir cuándo llega

Esta página la corregimos nosotros mismos: antes decía que un móvil no oye graves por debajo de 100 Hz. Probado en una sala real con los altavoces de su dueño, oye qué notas se portan mal hasta 30 Hz, así que cambiamos la frase. Lo que sigue sin poder decir es cuánto.

Lo que dejamos fuera es lo interesante, porque es justo ahí donde una app tiene la tentación de dibujar. Un gráfico de decaimiento con un bloque de color macizo por debajo de 300 Hz no es una medición de tus graves: es un dibujo donde se acabaron los datos. Preferimos dejar el hueco vacío y decir por qué.

Pruebas

Tres salas, un móvil

La prueba que importa no es si una cifra parece creíble. Es si las cifras separan salas que de verdad son distintas, en el orden que exige la física. Una habitación pequeña con cortina y suelo de madera tiene que ser la más seca; una cocina alicatada, la más viva; un salón amueblado, en medio.

SalaTiempo hasta callarse
Habitación pequeña, cortina, suelo de madera0,27 s
Salón amueblado0,35 s
Cocina alicatada0,47 s

Casi el doble entre una y otra, en el orden correcto, con el altavoz y el micrófono de un móvil. Después el salón se volvió a medir en otra sesión y se analizó por separado: todas las bandas quedaron a 0,02–0,04 s del primer resultado.

La banda por debajo de 125 Hz se negó a contestar en la sala más grande, y con razón. No es un hueco en la tabla: es la medición negándose a adivinar.

Pruebas

Comprobado con un metro

Los tiempos de llegada son lo que este método hace mejor, así que es lo que más probamos, contra el instrumento más tosco y más fiable que hay.

Sentado a mitad de camino entre los dos altavoces, siete mediciones dieron de media +0,03 ms, que es la respuesta correcta: nada. Luego el oyente se movió a propósito unos 17 cm a la izquierda, donde el metro dice que la diferencia debería ser de medio milisegundo más o menos. El móvil leyó +0,50 ms. Moverse lo mismo hacia el otro lado le dio la vuelta.

Una sola lectura afina hasta unos 15 cm de diferencia de recorrido, y ese límite lo pone la mano que sujeta el móvil, no la aritmética. Lo decimos en la app, en la pantalla donde sale la cifra, no en una advertencia que nadie lee.

Las distancias de los altavoces a la pared son otro caso: las dos las mide el mismo sensor en el mismo instante, así que el error común se anula y bajan de dos centímetros, comprobado con metro. Las distancias absolutas se redondean a cinco centímetros, porque cinco centímetros es lo que se repite.

Lo que no vamos a hacer

Ninguna nota. Ni global ni por categorías. Una sala no es un número que subir, y convertirla en uno convierte escuchar en un juego.

Ningún decibelio prometido. Un micrófono sin calibrar no puede cumplir un «esto te dará 8 dB», así que decimos lo que deberías notar.

Ninguna lista interminable. Cinco recomendaciones, ordenadas por cuánto van a cambiar lo que oyes frente a cuánto trabajo cuestan. Decidir qué importa más es justo lo que vienes a buscar; darte treinta y ocho problemas es devolverte el trabajo.

Nada que no puedas comprobar. Cada punto de reflexión viene con las dos medidas con metro que lo sitúan, y con la razón de que esté ahí: es el único punto de esa pared donde un espejo te enseñaría un altavoz desde tu sitio. Ve y pon un espejo ahí. Preferimos que nos pillen equivocados a que nos crean sin motivo.

Para curiosos

El fichero de prueba

Antinodal puede reproducir su propia señal de prueba, pero en un buen equipo es mejor reproducir la nuestra por tu propia cadena. Este es ese fichero.

Es un WAV estéreo normal, de 48 kHz y 16 bits. Ponlo donde tengas la música (una biblioteca de Roon, un NAS, un pendrive) y reprodúcelo como cualquier otra pista.

↓ antinodal-sweep-v2.wav · 93 s · 18 MB

Reprodúcelo a volumen normal de escucha, no alto. Llega hasta 20 kHz y es una señal a plena escala.

Hace falta un iPhone con LiDAR: 12 Pro o cualquier Pro o Pro Max posterior.

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